Colón fue el primer turista que encontró El Caribe demasiado grande para describirlo. En su diario escribió, isla tras isla es "lo más bello jamás visto" y "la más preciosa contemplación".

Más de 500 años después, es todavía cierto. Es mucho más que el mar con cada uno de los tonos de azul y verde, y las playas que se extienden desde el gris perla hasta el rosado o ámbar y crema hasta el blanco azúcar. Algunas de Las islas del Caribe son de caliza coralina, con barridos de arena, verdes cimas escarpadas y un paisaje ondulado. Otras son volcánicas con altas montañas, vegetación exuberante, ríos pequeños y rápidos y cascadas como velos nupciales. La mayoría son una combinación de ambos tipos. Algunos de nuestros países rodean el Caribe pero remontan también al continente americano con sus majestuosas cadenas de montañas, sus vastas sabanas, sus ríos enormes y sus acantilados pronunciados.
Hay realmente un paisaje para cada gusto tanto para los aficionados a la fotografía como para el visitante cuya mejor lente es su propia memoria. Hollywood ha rodado muchas películas en El Caribe desde los años 20 no sólo por su belleza, también por sus múltiples facetas.

En interminables campos de caña de azúcar el "destello verde" puede observarse a la puesta del sol. Hay enomes praderas con ordenados grupos de árboles y muros de piedra semejantes a Inglaterra, y paisajes áridos que podrían estar en el desierto de América del sudoeste, dónde las orquídeas crecen sobre los cactus.
Los helechos arbóreos en las selvas tropicales se elevan al nivel de las alturas de la inmensidad de Nueva Zelanda; en los balnearios, el agua puede crear formaciones naturales increíbles, y en las montañas más altas que las del este de las Montañas Rocosas, la niebla baja como si estuviera en Escocia. El hombre ha contribuido también.

Los colonizadores europeos asombrados por la fertilidad de la tierra, trajeron de todas partes del mundo la variedad más grande de árboles y arbustos florecientes jamás juntados; nostálgicos de su patria, recrearon copias de sus casas, desde las fachadas holandesas pintadas en colores pastel, elegantes edificios georgianos de corte de piedra con porches, hasta intrincados balcones franceses de hierro forjado y estilados patios españoles.
En la transición, todo aquello se volvió caribeño. No hay, literalmente, ningún fin para la múltiple belleza del Caribe. Nuestras páginas webs pueden dar sólo un pequeño indicio, pero le podemos hacer una promesa aún más grande: usted no podrá escapar.